LA OBESIDAD Y LOS AZÚCARES
La teoría que inculpa a los azúcares como los responsables de la acumulación excesiva de grasa es tan errónea, y provoca tanto daño a los obesos, que es necesario apartar todo un capítulo para analizar los estudios científicos recientes en relación a la ingestión de estos nutrientes y la aparición de la obesidad.
La ingestión elevada de azúcares no provoca obesidad. Contrario a la creencia popular, los alimentos con alto contenido de azúcar como frijoles, papas, pastas, tortillas, plátanos, etc. son necesarios para controlar el problema de exceso de peso.
No existe una "adicción" o impulso por comer más azucares de lo que el cuerpo requiere, pues con el paso del tiempo se vuelve poco "apetecibles" al paladar, y consecuentemente se reduce en forma espontánea su ingestión.
Si por alguna razón ingerimos más azúcares de los que necesita el cuerpo, se eliminan en forma de calor a través de una función metabólica conocida cono Termogénesis.

Al igual que las grasas, los azúcares se presentan en la naturaleza de distintas maneras: con una molécula (monosacáridos), dos moléculas (disacáridos) y múltiples moléculas (polisacáridos).
Los monosacáridos y disacáridos se conocen como HIDRATOS DE CARBONO SIMPLES. Los polisacáridos (muchas moléculas apelotonadas) son conocidos como HIDRATOS DE CARBONO COMPLEJOS.
Los CARBOHIDRATOS SIMPLES son el azúcar, la miel, y los azucares extraídos de las frutas. Los COMPLEJOS son las verduras, oleaginosas y cereales.
Los azúcares más adecuados para el control de peso, y más recomendables para una nutrición óptima son los complejos (o polisacáridos).
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